Capítulo 2: Juego de Tronos

Conscientes o no, nosotros utilizamos modelos mentales para explicar la realidad de nuestro alrededor. Y los usamos para predecir qué está pasando y por qué está pasando (causalidad). Hasta aquí todo normal. Creo que he tenido una vida con muchas experiencias como para tener modelos bastante formados. Pero qué ocurre cuando tus referencias pasan a ser Ficción.

No me refiero a mi. Veo Juego de Tronos, Strangle Things y todo eso y sé que son ficción. Me refiero a que leo twitter, o oigo a la gente por la calle y me parece que no distinguen la ficción (los programas “realities” para mi son ficción…). O mis modelos mentales y la música que oigo me dan una realidad distinta. Realidad social y política. Tal vez EGB v ESO. Aunque hay gente de mi edad con la que no coincido en ninguna visión cuando antes si lo hacía.

Los modelos mentales evolucionan y lo bueno (o interesante) es que lo hacen como carreteras que se van separando, de modo que cuando miras a la otra carretera (tan lejana) no sabes de qué punto de partida viene. Cuándo se separaron las carreteras con algunos de mis amigos.

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Capítulo 1. Esperando a Blade Runner

A veces sé cuando una película es antigua solo por si usan móvil o no. De hecho la mayoría de las películas las he clasificado en pelis donde ya había móvil y pelis donde no.  Yo he cumplido con toda la manipulación colectiva, todo lo que cabe dentro de mi móvil, todo lo que conecta para ser mejores y más productivos, pero que también te expone y de una forma kafkiana normaliza formas generales de actuar o de juzgar.

Se que poner música, tomar café o hacer ejercicio hasta la extenuación me anima y me hace ver las cosas de forma en la que puedo ser productiva y con ello sentirme llena. Pero también hay días en los que, aún sabiendo las tres recetas de mi felicidad, elijo no tenerla. Elijo sentirme abatida, como consciente de  que nunca volveré a sentirme como la primera vez que oí a los Ramones o vi ese partido de Michael Jordan. En el libro “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” en el que está basado Blade Runner, hablan de una máquina en la que puedes elegir el humor que quieres tener cada día, entre más de 40 opciones. Pero por alguna razón cuando alguien se siente deprimido tiene a pulsar el botón de deprimido y nunca tiene la responsabilidad de pulsar el botón de felicidad, que es lo que esperaría la colectividad que inventó el aparato.

Yo no suelo sentirme deprimida, si nihilista, lo más parecido. Pero muy a menudo me siento extraña, como si después de tomarme la molestia de ordenar todo me gustará ver cosas desordenadas. Que es algo como ver toda la lógica de las “zonas de almacenaje” de Ikea, pero querer tener todo en tu casa en primer plano, vamos, todo revuelto. Y por alguna conexión extraña, cuando tengo este sentimiento, llamemosle, de salir de la zona de almacenaje”, me alejo del móvil, que a menudo me gusta tanto como la música, el café y el ejercicio.

O me alejo de la manipulación colectiva. Tyrell Corporation.

 https://www.youtube.com/watch?v=-fu7jN2_2pE

 

 

Manu Chao

Esta mañana fui a correr por Montevideo bastante temprano. Solo cuando ves una ciudad a solas puedes hacerte una idea clara de cómo es la ciudad. Montevideo es un poco Manu Chao. Los colores brillan y desbrillan. Hay exlujo decadente. Huele un poco a navidad o al menos a las navidades que yo he vivido toda mi vida. Huele a sol de invierno. También huele a acordeón. Hoy es domingo. En mi carrera por la mañana muchos jóvenes volvían a su casa, o a algún sitio, después de la noche del sábado. En una parada de autobús, una pareja se besaba, más por cansancio y por dejarse caer en algún sitio que por ganas. Estaban como en un equilibrio pesado. Pesado y lento. Rollo canción de Manu Chao.

Echo de menos algunas cosas. Pero otras me gustan. Me gustan la circunstancialidad. Saber que será solo un rato. Y algunos momentos de entusiasmo por el trabajo, aunque sea duro y dependamos constantemente de la adaptación. O tal vez por eso.

Y oigo música, o reoigo canciones que oía antes. No se por qué. Viejas listas de cuando bailaba.

 

 

 

punta carretas

Ese es el nombre del centro comercial donde hoy he ido a buscar unos rotuladores y volviendo al hotel he pasado por el escaparate de otra librería. He visto un libro de Ray Loriga que se llama Rendición y lo he comprado, como respeto por aquel que leí dos veces seguidas sin salir de mi habitación, ni beber ni comer. Era muy joven. Se llamaba Héroes y había muchas letras de rock. Casi parecía que ese tío lo había escrito oyendo canciones y copiando un verso de aquí y otro de allí. Y decía cosas como que ella tenía una voz que estaba agarrada a una cornisa por un solo dedo. Muy Lou Reed todo.  Pero no he querido volver a leerlo. Nunca. Porque hay cosas que son de otra época y el recuerdo debe ser leal y cohetaneo.

Pues aquí estoy, tercer verano en el invierno, con poca wifi para trabajar rápido pero con suficientes espacios para pensar. Lista para darle otra oportunidad. Me conformo con que haya una pequeñísima frase de rock.

Ou, la melancolía es una tristeza hermosa para las personas que a veces giramos la cabeza para mirar que habría sido, pero no demasiado, solo cuándo hay un poco de tiempo muerto…sin wifi…

The Simpson´s sky

Siempre que miro por la ventana, el cielo de Puceland es con nubes planas por abajo y abombado por arriba, nubes densas y en todos los colores del blanco. Los domingos carretera y miro el cielo. Antes de salir. Y quiero llegar pronto a Home, con sobri, que me imagino en el sofá, pero esa debe ser la única razón. La carretera me gusta. Es transcurso, proceso, tiempo en marcha. Solo no me gustan las horas muertas donde solo puedo ver las nubes, con el sol detrás. El tiempo detenido es bello, cuando no es mucho.

fácil

Tengo una alarma todo el día en la cabeza que me dice lo que me queda por hacer, desde hace… desde los 12 años. me taladra. Me siento con las manos y un bolígrafo sobre la mesa roja. Papel usado por la otra cara. Qué quiero hacer? No en el mundo ni por los demás, sino en plan hedonismo.

Quiero ir al gym.

Quiero correr.

Quiero ver partidos de rugby en pantalla y en real.

Quiero leer.

Quiero oír música.

 

Parece que estas actividades no me llevarán mucho dinero el resto del vida.

Estoy preparada para el futuro, ese futuro que quiero.