good moments

No puedo quejarme. Acabo de volver de unas vacaciones de la leche (fermentada, de hecho, que en Francia me he puesto hasta arriba de queso).  Se que siempre necesitamos vacaciones porque hacemos cosas extraordinarias y nos permitimos gastar más dinero en cosas como hoteles chulos y eso. Pero en realidad el día a día que tengo es guay. Trabajo mogollón, lo que me deja poco tiempo para mis problemas de coqueteo con el nihilismo. Viajo y conozco gente sana y divertida. Tengo la vibrante estrés de la competición cada fin de semana. La mayoría de los días me despierto con el tío más guapo del mundo al lado. Tomo café sin restricciones (pasé esa época) y alardeo de ello. De vez en cuando salgo con amigos e incluso algunos son tan majos que vienen a visitar y pasan días conmigo. Leo sobre cosas nuevas y luego hablo de ellas con gente que las entiende y quiere entenderlas. Sigo con avidez los mensajes de mi familia en WhatsApp distribuidos en aproximadamente 10 grupos diferentes por temas aunque seamos siempre los mismos. Y además está el cine y la música…

Pero hay días que me sorprendo a mi misma quejándome. De mil cosas. Y me voy escupiendo palabras horribles y las cejas cada vez se me juntan más y una nube negra se pone encima de mi (si, es de la pantera rosa).

Entonces me pregunto, cómo ha sido mi día hoy.  Y vuelvo a recordar todo. El café, el tío de la cama, los viajes, los entrenamientos diarios, los mensajes de mi familia, los libros que leo… y todo cambia.

Todo el tiempo en yoga nos hablan de la gratitud y a veces se me olvida. Por otro lado no me gusta nada la gente que se queja, especialmente los deportistas, a menudo enllentecen el proceso y hacen al equipo dar rodeos para llegar donde todos queremos llegar. También pasa con algunos entrenadores. Yo trato de buscar la gratitud a las mini-cosas que tengo todos los días que hacen que mis días tengan más cosas buenas que malas y ahora he encontrado una herramienta. Antes de ir a la cama las recuerdo así en plan repaso. Y en ello estoy, que mañana me espera un día, cómo mínimo, con mucho café!