Manu Chao

Esta mañana fui a correr por Montevideo bastante temprano. Solo cuando ves una ciudad a solas puedes hacerte una idea clara de cómo es la ciudad. Montevideo es un poco Manu Chao. Los colores brillan y desbrillan. Hay exlujo decadente. Huele un poco a navidad o al menos a las navidades que yo he vivido toda mi vida. Huele a sol de invierno. También huele a acordeón. Hoy es domingo. En mi carrera por la mañana muchos jóvenes volvían a su casa, o a algún sitio, después de la noche del sábado. En una parada de autobús, una pareja se besaba, más por cansancio y por dejarse caer en algún sitio que por ganas. Estaban como en un equilibrio pesado. Pesado y lento. Rollo canción de Manu Chao.

Echo de menos algunas cosas. Pero otras me gustan. Me gustan la circunstancialidad. Saber que será solo un rato. Y algunos momentos de entusiasmo por el trabajo, aunque sea duro y dependamos constantemente de la adaptación. O tal vez por eso.

Y oigo música, o reoigo canciones que oía antes. No se por qué. Viejas listas de cuando bailaba.

 

 

 

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