Sudáfrica again

Rooibos.
Mucho frío sin estar demasiado preparada.
Como casi todo últimamente sin preparar por el poco tiempo.
Me concentro para abrir mi cabeza.
Me concentro para vencer al frío.
Me concentro para mirar todas estas cosas nuevas.
Pero no se que me pasa
Pero quiero estar en casa.

(oir repetidas veces no mejora la sensación pero da buen rollo)

chanclas y desayunos

Qué pasa si voy a trabajar con chanclas, me pregunta. Mejor con camiseta negra le digo. Todo está superdesordenado como si estuviéramos de vacaciones, pero estamos trabajando con pocos clientes, lo que me permite estar en horas diferentes con él y eso es como estar un poco de vacaciones. Nos dormimos viendo pelis o torneos de golf. Merendamos fruta y oimos música de “pop-oños”. Entrenamos en el salón.

Miro el reloj y veo que es 21 de julio y que esto está a punto de acabar. En breve otra vez toda el ajetreo del “tengo que hacer…”, encontrarnos cansados en estaciones de tren o al llegar a casa por la noche, o en paralelo mirando cada uno a su ordenador.

a house without you three

Alguien podía pensar que La Irreal Academia no podía escribir poesía por ser una persona corpulenta. Alguien podría pensar que yo no puedo ser una entrenadora de rugby a pesar de ser menuda. Pero quien decide que ese pensamiento se haga norma y nos haga difíciles los pasos para avanzar.

Lo cierto es que yo tengo también un poco de poesía y él tiene un poco de entrenador de rugby. Lo cual no quiero decir que cumplamos en ese caso el estereotipo esperado. Pero ni mi poesía es linda ni él será un entrenador de rugby agresivo. Quién decide que tipo de poesía debo hacer y que tipo de metodología debe emplear él.

No recuerdo el día exacto que lo conocí. Demasiado diferentes. Demasiado iguales. Nos hicimos familia. Yo, madre. Él, hijo mayor. Me pierdo muchas partes de su historia pero le huelo a veces en pintadas de la calle o en una taza con colacao en casa. Decidía no preguntarle un montón de cosas y él decidía contarme historias de su vida que siempre empezaban con “entonces…” y yo buscaba el equivalente de ese inicio en inglés, hasta que empecé a decirlo como una coletilla mía cuando explicaba algo como una historia o un procedimiento. Y hace un par de semanas me descubrí a misma usándolo en un curso.

Ler. Ella baila agitando la cabeza. Yo también. La conocía cuidando a mi equipo de ese verano. Y nos cuidaba mucho. Bebía cerveza mejicana y sabía mucho de rugby. De rugby francés. Y un mes más tarde la cuidé yo. Tampoco le preguntaba muchas cosas y ella tampoco me contaba mucho. O en pequeñas gotas. Pero vino a un plano surrealista donde veíamos cosas diferentes por la calle. Diferentes al resto, pero iguales nosotras. Así cantamos y bailamos peligrosamente por la Gran Vía en la era de los móviles con cámara.

Llorar era un paso para reír con sus ojos. Se sentía rara estando lejos de su casa pero se sentía bien sintiéndose bien aquí. Caminaba y hacía carrera continua por Madrid haciendolo pequeña y cocinaba con pimienta y mucho comino. Y estaba todo rico. Tenía las manos siempre desnudas e intercambiamos fotos haciendo el pino. Al ponerse de pie el flequillo volvía a caer en su cara y se colocaba la realidad de nuevo. La realidad pesa mucho cuando no está aquí.

Pelush. Pequeño y aturdido entre los ruidos de motores, las sirenas de las ambulancias y atascos de la ciudad. Suenan las llaves y abre la puerta y su cara dice descansa al estar en casa por fin. Era un pequeño pequeño bebé que cabía en la palma de una mano y ahora su sonrisa se expande y termina siempre en unos pasos de baile. Estudia el cuerpo humano como si fuera algo inerte, como si no perteneciera a una sociedad, como si fuera geología. Prepara ensaladas de pasta metódico y con tiempo. Se adapta a lo que quieren los demás. Se cuela en nuestras vidas en las grietas y minutos que dejamos hasta hacerse imprescindible. Va al gimnasio caminando por la acera mientras piensa en los ejercicios que le tocan ese día pero a veces piensa en su vida en el instituto y aleja esos pensamientos como si abriera una puerta corredera hacia una nueva vida.

Toca la guitarra. Me asombra la música que le gusta. Para su edad. Habla poco como si otorgara un valor excesivo a las conversaciones. En en algún momento del día veo algo de su madre en él. Me siento feliz por eso.

hoy no estáis.

MURAKAMI

Hace 16 años vi un artículo en una revista sobre un hotel diferente en Cabo de Gata. Las fotos estaban hechas al sol y todo era muy cabodegata, paredes blancas, desierto, cactus, flores pequeñitas, piscina con rocas, y superdesayuno. 16 años después me lo encuentro en edreams y con el subidón del flashback decido irme allí.

Como hacía viento me dice el dueño-encargado del hotel que lo sirven dentro. Cuando estoy esperando el desayuno abro mi libro para pasar mis DOS días de vacaciones y el dueño-encargado-enfadica del hotel me pregunta que por qué me gusta Murakami. Me dice en sus libros no pasa nada. Le digo No me importa. Me gusta como escribe y ya. El sigue No lo entiendo, son libros donde esperas algo muy grande que al final no pasa. Le miro y ya no contesto. Me trae un café y abro el libro y leo : “Y cuando acababa de hablar , un pequeño fragmento de silencio locuaz se quedaba flotando en el estrecho espacio del vehículo, como la miniatura de una nube imaginaria. De algún modo provocó en Aomame una sensación de inquietud.”

Me recree en esa fragmento.
Pensé en la cantidad de nubes imaginarias que vamos dejando con las cosas sin decir.
Me vale Murakami, para explicar lo que siento, aunque muchos no lo entiendan.

Este post se lo dedico a mi amigo Angel. Hoy he visto a sus padres de lejos y he sentido una nostalgia enorme de cuando oíamos a R.E.M. y había miniaturas de nubes imaginarias.