nota #1 (apuntes para un vida -como diría Zaca Payne-)

leido en twitter…
“qué pereza ir al infierno y ver a la misma gente otra vez”

Hay algo más hipócrita que darle al botón de “acepto” sin haber leído NI-UNA-SOLA-VEZ las condiciones?

Si, lo hay. La gente que medio-conoces. A veces conocemos gente en nuestros mundo pequeñamente reducidos y de pronto nos los encontramos en otro contexto y da como pereza saludarles porque la sensación de medio-conocer es incómoda. El otro día fui solo al Matadero a pasear y ví a dos chicas que conocía de haber estado en el mismo sitio tiempo atrás pero sin interactuar, dícese un autobús de rugby pero ellas no eran de mi equipo.

Primero hicieron la de no te hemos visto y yo las saludé más fuerte y luego hicieron la de sorprendidas actuación serie B. Y fue rarísimo para las tres y claro yo lo aparqué porque lo rarísimo se hunde y ya flotará saliendo a la luz algún día, como hoy. Así que como ha salido hay que sacar conclusión porque si lo vuelvo a hundir será un hecho sin enseñanza sin más, como los partidos de Namibia en esta RWC.

Mmmmm, el otro día estuve todo el día preguntándome cuál es la canción que suena cuando Bill Murray se despierta una y otra vez en El Día de la Marmota (para los más snobs, Atrapado en el Tiempo). Pues el tío día tras día se va encontrando con gente que medio-conoce aunque solo le importan unas pocas de esas personas. Pero… la gente que medio-conoces puede ser también interesante y terminar siendo familiares.

Así que… si mi primera opción es no volver a saludar a gente que medio-conoces, mi aprendizaje es el contrario. Mejor momento rarísimos que perderte alguna joya!

Ah, por cierto…

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DORMIR

Una de las cosas que más recuerdo cuando era pequeña era lo que me costaba dormir. Los adultos te obligaban a dormir y a mi se me hacía muy difícil. El sueño era algo raro, donde pasaban cosas raras, que sobre todo, no quería que pasaran. Mi pesadilla siempre es la guerra. No se por qué, tal vez fueron películas, que me afectaron. La pesadilla de mi madre, sin embargo son los terremotos. En definitiva, la pesadilla es el sufrimiento y la separación de nuestra familia, correr gritando, muy hollywood, pero chungo de verdad. Y cuando estás dentro te parece tan real…

Pero lo más raro son los sueños que se repiten, como cuando sueño siempre estoy en mi casa, pero es la casa de mis sueños no mi casa. Cuando digo casa de mis sueños no me refiero a ese chaletón con gym y piscina, si no, a una casa donde vivo cuando sueño, pero donde van cambiando cosas como el color de los muebles o del sofá. Raro, no? Hay mañanas que me despierto y busco las llaves de esa otra casa y me pregunto si he pagado el IBI.

Y luego están los sueños donde soy como un superhéroe y atravieso paredes y suena música tipo iglesia. Ya, muy rayex…Una vez con 19 haciendo eso de pasar pareces volando, llegué a una y… me hice añicos!. Yo no le doy vueltas, ni Freud ni nada, que los sueños son muy raros.

Desde hace un tiempo, los mejores sueños son en los que aparece mi familia, todos juntos celebrando cosas, sobre todo si aparece mi padre. Porque entonces quiero quedarme un poco más en el sueño y tenerlo cerca de nuevo. 🙂

Pues eso, dulces sueños